12 diciembre, 2006
yo
y hace una semana y un poco mas que no escribo. nose hace cuantos dias te conozco
27 noviembre, 2006
un dia
sube una rubia, siempre te gustaron las rubias, la miras, te mira, no la miras mas, te cansa mirar, escuchas musica con tu auriculares gigantes. te estas por bajar y corres a tocar el timbre, porque casi te pasas. te bajas y caminas, la rubia bajo atras tuyo. miras para atras y esta ahi, casi a medio metro. caminas un poco mas lento y esperas que se ponga al lado tuyo. caminas unos cuantos metros al lado de ella y la miras, te haces el gil, la volves a mirar y te mira. y te toca doblar y la miras y doblas y caminas un poco y te das vuelta y te esta mirando. seguis caminando y sonreis y empieza la cancion que querias escuchar.
22 noviembre, 2006
sombras
solo algunas sombras
no hay paredes
no hay nada
solo algunas sombras
que esperan
siempre lo mismo
no hay arboles
solo algunas sombras
que esperan
21 noviembre, 2006
flores
de que colores seran
las flores en mi tumba
espero que sean rojas
el rojo siempre me gusto
que sean algunas azules
y que sean otras verdes
o no hay flores verdes?
o no hay flores tal vez
de que colores seran
las flores de mi tumba?
18 noviembre, 2006
Todo
dos ojos no alcanzan
tampoco dos piernas
ni estas manos
ni tener el pelo limpio
y los ojos un poco abiertos
a veces tener mucho
sirve de poco
y a veces
todo, no sirve para nada
17 noviembre, 2006
Mira esta cosa que escribi
Se levanto, pesado, de la cama mirando en derredor, tratando de reconocer el lugar. ¡Estaba perdido! "Esta no es mi cama..." Cuando forzo un poco mas la sinapsis (y la vista) se dio cuenta de que ése era su sillon y nuevamente la vida que llevaba le habia jugado una mala pasada. Miro el reloj de mano: eran las 5 y media. Su balcon daba al este y el sol solo alumbraba el departamento por la tarde. Frunció el entrecejo. Maldito sol!
Pero despues de todo, ¿a quien le importa si no va el dia de hoy que lo tiene permitido por la religion? Incluso, ¿no fue el el que habia decretado que asi fuera?
Esto lo escribio Mara Golzman.
16 noviembre, 2006
AUGUSTO
12 noviembre, 2006
07 noviembre, 2006
jugamos?
empezamos a jugar
y me corto un brazo
le corte un pie
para compensar
me corto una oreja
y la tiro lejos
seguimos jugando
y le corte una mano
para aprovechar
me corto una pierna
para compensar
me arranco los ojos
y sin querer la mate
27 octubre, 2006
se rompen
todo
a tu alrededor
se caen despacio
bajan desde el cielo
bajan
siguen su curso
los dias
las noches
y esperan
impacientes
a que terminen
de caer
se rompe despacito
todo
de una vez
y ya lo sabias
bajan desde el cielo
20 octubre, 2006
puta
27 septiembre, 2006
vos
23 septiembre, 2006
tardes
22 septiembre, 2006
fumas?
eso que me atrae
hacia vos
esa indiferencia
esos silencios
largos
y esas esperas
eternas
o esos momentos
cuando venis
fumando
cuando prendes
el cigarrilo
cuando no decis
nada
pero miras
como cuando miras
y decis
mas de lo que
las palabras dicen
cuando chocas
mi frente
con la tuya
y no decis
nada.
19 septiembre, 2006
otra noche
15 septiembre, 2006
bizarre love triangle
I feel shot right through with a bolt of blue
Its no problem of mine
But its a problem I find
Living a life that I cant leave behind
But theres no sense in telling me
The wisdom of the fool wont set you free
But thats the way that it goes
And its what nobody knows
Well every day my confusion grows
Every time I see you falling
I get down on my knees and pray
Im waiting for that final moment
You say the words that I cant say
I feel fine and I feel good
Im feeling like I never should
Whenever I get this way
I just dont know what to say
Why cant we be ourselves like we were yesterday
Im not sure what this could mean
I dont think youre what you seem
I do admit to myself
That if I hurt someone else
Then Ill never see just what were meant to be
Every time I see you falling
I get down on my knees and pray
Im waiting for that final moment
You say the words that I cant say
12 septiembre, 2006
Capitulo 19 de "La Senda del Perdedor"
19
El 5.° grado era algo mejor. Los demás alumnos parecían menos hostiles y yo me iba haciendo físicamente cada vez más grande. Todavía no me elegían para los equipos, pero recibía menos amenazas. David y su violín habían desaparecido. Su familia se había trasladado. Yo volvía a casa solo. A veces me seguían algunos chicos, de los que Juan era el peor, pero no llegaban a hacerme nada. Juan fumaba cigarrillos. Caminaba detrás mío fumando un cigarrillo y siempre llevaba con él un compañero diferente. Nunca me seguía él solo. Me daba miedo, yo deseaba que desapareciera. Por otro lado, me daba igual. No me gustaba Juan. No me gustaba nadie de la escuela. Creo que lo sabían.
Por eso me tenían manía. No me gustaba la forma en que caminaban, el aspecto que tenían o cómo hablaban, pero tampoco me gustaban mi padre ni mi madre. Seguía teniendo la sensación de estar rodeado por un espacio vacío. En mi estómago siempre había una ligera náusea. Juan tenía la piel oscura y llevaba una cadena de latón en vez de cinturón. Las chicas le temían, y los chicos también. El y alguno de sus compañeros me seguían hasta mi casa casi todos los días. Yo entraba en casa y ellos se quedaban afuera, Juan fumando cigarrillos, con aspecto duro, con su amigo al lado. Yo los miraba a través de la cortina. Finalmente, se marchaban.
La señora Fretag era nuestra profesora de inglés. El primer día de clase nos preguntó nuestros nombres.
—Quiero conoceros a todos —dijo.
Sonrió.
—Ahora, seguro que cada uno de vosotros tiene un padre. Creo que sería interesante que cada uno nos contara en qué trabaja su padre. Empezaremos por el primer asiento y seguiremos por toda la clase. Bueno, María, ¿en qué trabaja tu padre?
—Es jardinero.
—¡Ah, eso está muy bien! Asiento número dos... ¿Andrew, en qué trabaja tu padre?
Era terrible. En el vecindario, todos los padres habían perdido su trabajo. Mi padre también había perdido el suyo. El padre de Gene se pasaba el día entero sentado en su porche. Todos los padres estaban sin trabajo excepto el de Chuck, que trabajaba en un matadero. Conducía un coche rojo con el nombre del matadero en los lados.
—Mi padre es bombero —dijo el asiento número dos.
—Ah, muy interesante —dijo la señora Fretag—. Asiento número tres.
—Mi padre es abogado.
—Asiento número cuatro.
—Mi padre es... policía.
¿Qué iba a decir yo? Quizás sólo fueran los padres de mi vecindario los que estaban sin trabajo. Yo había oído algo del crack en el mercado económico. Significaba algo malo. Puede que el crack sólo afectase a nuestro vecindario.
—Asiento número dieciocho...
—Mi padre es actor de cine...
—Diecinueve...
—Mi padre es concertista de violín...
—Veinte...
—Mi padre trabaja en el circo...
—Veintiuno...
—Mi padre es conductor de autobús.
—Veintidós...
—Mi padre es cantante de ópera.
—Veintitrés...
Ese era yo.
—Mi padre es dentista —dije.
La señora Fretag siguió con todo el resto de la clase hasta llegar al treinta y tres.
—Mi padre no tiene trabajo —dijo el número treinta y tres.
Mierda, pensé, debería haber pensado en eso.
Un día la señora Fretag nos dio una tarea.
—Nuestro distinguido presidente, Herbert Hoover, va a venir a Los Angeles este sábado para dar un discurso. Quiero que todos vosotros vayáis a oír al presidente, y quiero que escribáis un ensayo sobre la experiencia y sobre lo que penséis del mensaje del presidente.
¿El sábado? Yo no podía ir. Tenía que segar el césped, cortar todas las hojitas. (Nunca podría cortar todas las hojitas.) Casi todos los sábados recibía una paliza con la badana de afilar porque mi padre encontraba una hojita. (También me pegaba a lo largo de la semana, una o dos veces, por cosas que no hacía o que hacía mal.) No podía decirle de ninguna forma a mi padre que tenía que ir a ver al presidente Hoover.
Así que no fui. Aquel domingo cogí algo de papel y me senté a escribir sobre cómo había visto al presidente. Su coche abierto, abriéndose paso entre senderos de flores, había entrado en el estadio de fútbol. Un coche lleno de agentes secretos iba delante, y otros dos coches iban justo detrás. Los agentes eran tipos valientes con pistolas para proteger a nuestro presidente. La multitud, se levantó al entrar el coche del presidente en la cancha. Nunca había ocurrido algo igual. Era el presidente. Era él. Saludó con la mano. Nosotros le respondimos. Una banda comenzó a tocar. Había gaviotas que volaban en círculo encima nuestro como si supieran también que allí estaba el presidente. Y también había aviones que hacían escritura aérea. Escribían en el cielo cosas como «La prosperidad está a la vuelta de la esquina». El presidente se puso de pie en el coche, y en ese momento se apartaron las nubes y la luz del sol cayó directamente sobre su cara. Era como si Dios también lo supiese. Entonces los coches se detuvieron y nuestro gran presidente, rodeado de agentes del servicio secreto, subió a la plataforma de discursos. Al llegar junto al micrófono, un pájaro descendió del cielo y se posó junto a él. El presidente le hizo un gesto de saludo al pájaro y se rió. Todos nos reímos con él. Entonces empezó a hablar y todo el mundo escuchó. Yo apenas pude oír el discurso porque estaba sentado junto a una máquina de freír palomitas que hacía demasiado ruido, pero me pareció oírle decir que el problema de Manchuria no era grave, y que en casa todo se iba a arreglar, no debíamos preocuparnos, y todo lo que debíamos hacer era creer en América. Habría suficiente trabajo para todo el mundo. Los talleres y las fábricas se abrirían de nuevo. Habría suficientes dentistas con suficientes dientes que extraer, suficientes fuegos y suficientes bomberos para apagarlos. Nuestros amigos de Sudamérica pagarían sus deudas. Pronto podríamos dormir en paz, con nuestros estómagos y nuestros corazones llenos. Dios y nuestra gran nación nos rodearían de amor y nos protegerían del mal, de los socialistas, nos despertarían de la pesadilla, para siempre...
El presidente escuchó los aplausos, saludó, volvió a su coche, subió y se fue seguido de coches llenos de agentes secretos mientras el sol empezaba a caer, la tarde se diluía en el crepúsculo, rojo, dorado y maravilloso. Habíamos visto y oído al presidente Hoover.
Entregué mi ensayo el lunes. El martes, la señora Fretag se dirigió a la clase.
—He leído todos vuestros ensayos sobre la visita de nuestro distinguido presidente a Los Angeles. Yo estaba allí. Algunos de vosotros, me he dado cuenta, no estuvisteis por una razón u otra. Para aquellos que no estuvisteis, os voy a leer este ensayo de Henry Chinaski.
La clase estaba terriblemente silenciosa. Yo era, de lejos, el alumno más impopular de toda la clase. Era como un cuchillo que atravesara todos sus corazones.
—Es muy creativo —dijo la señora Fretag, y empezó a leer mi ensayo. Las palabras sonaban bien. Todo el mundo escuchaba. Mis palabras llenaban la habitación, de pizarra a pizarra, pegaban en el techo y rebotaban, cubrían los zapatos de la señora Fretag y se amontonaban en el suelo. Algunas de las niñas más guapas de la clase comenzaban a echarme miradas. Todos los tíos duros estaban humillados, sus ensayos no valían un pjjo. Yo bebía mis palabras como un hombre sediento. Incluso empecé a creérmelas. Vi a Juan allí sentado como si le hubiera pegado un puñetazo en todos los morros. Estiré las piernas y me eché hacia atrás. Se acabó demasiado pronto.
—Con esta gran redacción —dijo la señora Fretag—, se acaba la clase.
La gente se levantó y comenzó a guardar sus cosas.
—Tú no, Henry —dijo la señora Fretag.
Me quedé sentado y ella se quedó allí de pie mirándome.
Entonces dijo:
—¿Henry, estuviste allí?
Traté de pensar una respuesta. No pude. Dije:
—No, no estuve.
Ella sonrió.
—Eso hace que tenga más mérito.
—Sí, señora...
—Puedes irte, Henry.
Me levanté y salí. Empecé a caminar hacia casa. Así que eso era lo que querían: mentiras. Mentiras maravillosas. Eso es todo lo que necesitaban. La gente era tonta. La cosa iba a ser fácil. Miré detrás mío. Juan y su amigo no me seguían. Las cosas me iban cada vez mejor.
11 septiembre, 2006
ella
10 septiembre, 2006
me quede con ganas de verte

anoche tuve una de esas borracheras que lamentablemente recordas al otro dia. y no es que la s recordas como una de las mejores, sino como una mas. me gustaria direcctamente no acordarme de nada y tener la sensacion de haberla pasado bien. pero solo me acuerdo de que estaba borracho y caminaba y no habia caras conocidas ni nada de eso. solo caminaba y estaba borracho y eso fue un sabado a la noche.
27 julio, 2006
los tigres
me esperan y afilan sus garras
sabes que los espero yo tmb
sabes y sin embargo te arriesgas
te arriesgas a venir conmigo
sabes que nos esperan abajo de la cama
ahora.
sabes que no solo nos comen
no solo nos destruyen
no solo eso, sino todo lo demas
nos esperan afilados
nos esperan impacientes
a los tigres vamos.
o que vengan por nosotros
no me voy a resistir
ni nos vamos a resistir.
05 junio, 2006
pensalo
pensa. un dia te lavantas y te das cuenta de que todo lo que hiciste hasta ahora no sirvio para nada. ese dia, cuando te levantas, cuando te levantes, mejor segui durmiendo.
28 febrero, 2006
una tarde pense en vos.
cuando estas ahi parado
pensando
que quiza no es tan malo todo
que quiza todo es poco
que quiza las cosas no te salen bien
cuando necesitas las cosas
nunca estan ahi
cuando crees que es suficiente
cuando crees que no alcanza
ahi es cuando todo empieza
ahi es cuando todo termina
(seguro que el titulo no tiene nada que ver con lo escrito. pero si lo tiene.)
08 febrero, 2006
habitacion
y nose,
me parece que es mas grande,
y me da miedo
pero despues pienso,
y no me da mas miedo...
27 enero, 2006
siempre
una
dos veces,
tan fuertes
en mis oidos
y siguen.
a mas de 100 kilometros por hora.
no entiendo mucho
veo las luces
las sirenas de la ambulancia
en mis oidos.
una,
dos veces.
sigo arriba,
dicen cosas
hacen cosas,
estare muerto?
estare vivo?
seguire en mi auto
las luces son mas fuertes
la lluvia dejo de caer.
las sirenas de la ambulancia son por mi.
los bomberos tmb.
estare muerto?
ojala que si.